Ari había empezado a vender sus creaciones allí y me contó que Minna era un encanto de persona y que tenía que pasar a verla.
Así fue como terminé cumpliendo uno de los muchos propósitos que me hice cuando me mudé a este país: volver a hacer ganchillo.
En realidad, el propósito pasa también por aprender a coser y a hacer punto, pero por alguna cosa se empieza, ¿no?
A mí, como a muchas chicas de mi generación, me enseñó mi bisabuela cuando era bien pequeña, pero entonces eso era cosa de "abuelas" y desde entonces, hasta ahora, ha tenido tiempo de reinventarse y ser algo bien moderno.
¿Conocéis a las abuelitas modernas de Barcelona? Pues yo un día, quiero ser como ellas.
En mi primera visita a Paloni aprendí a hacer estas cestas.
Sé que no es perfecta, pero estoy muy orgullosa de ella, porque la última vez que cogí una aguja de ganchillo, tenía más o menos 10 añitos.
Mi maestra Molla Mills, toda una institución en el mundo crafter de este país, es una de esas personas que da gusto conocer. No se puede negar que lleva diseño finés en las venas.
Así que cuando me enteré de que organizaban una quedada ganchillera este fin de semana, no pudé dejar de apuntarme, al menos un ratito.
La idea era hacer guirnaldas de ganchillo para un proyecto veraniego del que os hablaré dentro de poco.
Cuando llegamos las mesas estaban llenas de lanas de todos los colores y mucha gente con el trabajo muy avanzado.
El tiempo no nos acompañaba, como veis por lo poco abrigadas que íbamos, pero los colores alegres es lo que tienen, que calientan el ambiente en un momento. Eso y un té calentito.
Como siempre yo fui la más lenta de todas.
Lenta, pero segura, eso sí. Contando, contando, sin casi meterme en ninguna conversación para no perder el ritmo.
Sólo paré para hacer estas fotos y observar como las demás hacían un punto después de otro.
Al final solo terminé un eslabón, pero me he traído trabajo a casa y ya tengo planes de llenar Helsinki de guirnaldas. Ya os lo enseñaré otro día.










