
Lucía fue la encargada de elegir el reto y escogió una receta de las que me gustan, de esas de mirar a ver que tienes en la nevera y terminar añadiendo todo a ojímetro.
Parece mentira que haya pasado tantos años dedicada al mundo de la química, para luego disfrutar cocinando a pulso, sin hacer mucho caso de las medidas en la receta.
En fin, vamos al tajo.
INGREDIENTES:
- 10 patatas medianas (nosotros cocinamos 4, dos para cada uno, que el peque dormía la siesta)
- 500 gr. de carne picada (para las 4 patatas utilizamos unos 200 gr. y sobró un poco)
- 2 cebollas.
- Vino blanco
- Azafran
- Una pastilla de Avecrem.
Lo importante de la receta son las patatas. No pueden ser enormes, porque tardaríais siglos en cocinarlas, pero tampoco enanas, porque al fin y al cabo tienen que ir rellenas.
A nosotros nos costó encontrar un tamaño adecuado. Aquí les encantan las patatas tamaño mini y tuvimos que rebuscar bastante en el cajón para encontrar el tamaño adecuado.
Lo primero, el RELLENO:
Cortamos la cebolla pequeña

Nosotros la elegimos morada por capricho, pero por supuesto la cebolla blanca de toda la vida también vale.
y la rehogamos en la sartén con un poco de aceite a fuego lento.
Una vez que esté transparente se añade la carne, se salpimenta y se dora hasta que pierda el color rojizo.

Ya está, relleno listo. Ahora a VACIAR las patatas.
Para ello utilizaremos un vaciabocados. Yo lo compré en IKEA, pero supongo que en España hasta los chinos lo venden.
Hay que cogerle el truco a la herramienta, más que nada porque si te descuidas te quedas sin patata.
El truco del almendruco es no hacer el giro completo. Una vez que has dado 180 grados, tiras hacia afuera con suavidad y poco a poco, patata vacía.
Mi madre, que es una experta cocinera, siempre dice que las patatas para guisar hay que rasgarlas y no cortarlas, así que seguro que esa manera de vaciarlas ayuda a que estén más ricas.
(Perdóname mamá, sé que no es tu palabra exacta, pero tantos idiomas raros me dejan la cabeza como un bombo)

Siguiendo los consejos de Lucía nos abrimos una buena botella de vino para darnos ánimos mientras cocinábamos.
Por si os interesa era un Brunus 2008 del Montsant, uno de esos vinos que valen infinitamente más de lo que cuestan.
Una vez vacías, hay que RELLENARLAS. Cuanta más carne, más ricas, así que apurar con el vaciado al máximo.
Para tapar el agujero utilizaremos una (o varias, dependiendo del tamaño del agujero) de las tapas de las patatas.
Para que no se salgan las pasamos por harina y huevo antes de cerrar el orificio.

¿Os habéis fijado en el pedazo de agujero que les hice a las patatas?
Ya os dije que el tema del vaciado tenía su miga.
Para la futura SALSA de las patatas, cortamos una cebolla en gajos y la sofreímos en la cazuela en la que vamos a cocer las patatas. Fuego bajo, para que no se nos queme y se haga poquito a poco.
En una sartén aparte, marcamos las patatas, o lo que es lo mismo, les damos una pasada por la sartén hasta que nos queden doraditas.
Tampoco hace falta que las dejéis eternamente, cuando veáis que tienen un poco de color, ¡a la cazuela!
Ahora ya le damos los toques finales: una pizca de azafrán, más unas cuantas vueltas para que el guiso coja el olor y el color de la especia y un buen chorro de vino blanco. ¡Sin miedo!, que el alcohol se evapora sin problema, pero sin que las patatas floten, claro.


El azafrán es de Indonesia. Lo compramos durante la luna de miel en un mercado a pie de carretera.
El toque final lo da una pastilla de avecrem disuelta en un poco de agua. ¿La cantidad de agua? Pues dependerá del número de patatas. Para que os hagáis una idea, las patatas tienen que estar casi cubiertas de líquido, pero sin flotar.
Ponéis la tapadera y a disfrutar del vino y la compañía durante 20 o 25 minutos.
Dos cosas más:
RESULTADO:
- Nosotros le añadimos el resto de las patatas a la cazuela. Se hacen en la misma salsa y están buenísimas, pero podéis hacer otras cosas con ellas. Se me ocurre que fritas y con ali oli tienen que estar de muerte.
- A la salsa no le añadimos sal.La pastilla de caldo y el vino ya le dan el toque salado que necesita.
RESULTADO:

Un plato sencillo, buenísimo y que admite muchas interpretaciones.
Esta vez seguimos la receta casi, casi en todo, pero mientras cocinábamos se nos ocurría que un ajo en el sofrito del relleno y alguna otra verdura (champiñones, calabacín, berenjena) le hubieran venido de lujo.
Para la próxima vez quiero rellenarlas de chipirones en su tinta y sólo de pensarlo ya se me está abriendo el apetito.
En definitiva, que os recomiendo que la probéis y nos contéis como os ha ido. Nosotros ya hemos incorporado una receta más a la dieta familiar.
